José Luis Jara
Ya pasaban las cuatro
de la tarde, cuando Ramón Salazar se comunicó con el reportero.
Su voz se escuchó con
tensa calma, con una respiración agitada pero pausada. “Necesito que vengas”,
alcanzó a decir.
Más que sorprendido,
el reportero empezó a solicitar información de lo que estaba sucediendo en esos
momentos.
Ramón Salazar y su
hermano Juan se encontraban en su rancho, llamado El Almanaque, con unos
agentes de la Policía Estatal Investigadora.
“Me están acusando de
abigeato”, dijo por el teléfono “y me quieren llevar a mi y a mi hermano Juan”.
Tan raudo como se
puede viajar en un carro medio veterano pero generoso, se realizó el traslado
al vaso de la presa Abelardo L. Rodríguez, al propio lugar de los hechos.
Ahí se encontraron
unos agentes de la PEI. Uno de ellos dijo –“no para que grabes”, le dijo el
agente al reportero- que traía una demanda por abigeato en contra de los
hermanos Salazar, porque en su propiedad tenían unas cabezas de ganado
propiedad de otro señor, que ahí se encontraba.
Ese señor se llama
Manuel Figueroa que en le advirtió al reportero: “no te metas entre las patas
de los caballos, no me tomes fotos porque una pedrada en la cabeza te voy a
dar”.
Se trataba de 14
cabezas de ganado, que Ramón Salazar dijo que se metieron a su rancho, por un
lugar donde algún desconocido destrozó la cerca que delimita la superficie.
Dijo que ayer
(anteayer) le informó a la familia Figueroa de esas vacas que entraron a su
rancho. Pero ellos no quisieron ir por el ganado, porque decidieron acudir a la
Policía Estatal Investigadora para denunciar a los hermanos Salazar por
abigeato, un delito que no alcanza fianza.
Ramón Ángel Salazar
les hizo ver a los agentes que tenía un documento que atestigua el aviso que le
dio a los dueños del ganado para que fueran por él al rancho El Almanaque.
Los agentes les
pidieron a los hermanos Salazar que entregaran el ganado. Entonces ellos se
pusieron a buscar los animales en medio de esos 4 mil metros cuadrados que
tienen en posesión.
Al tiempo, los
hermanos Salazar regresaron pero no con todo el ganado. Entonces plantearon que
ese trabajo lo realizaran los dueños del ganado. Pero los agentes de la PEI le
advirtieron que si no entregaban a los animales, se los llevarían detenidos.
A la media hora,
llegó la abogada de los hermanos Salazar, Anahí Bustamante, quien después de
revisar el oficio de la PEI le dijo que no se los podía llevar detenidos porque
en el escrito no se menciona nada sobre el ganado que supuestamente robó.
Acusaba de abigeato,
pero no lo sustentaba.
En eso llegó al
rancho El Almanaque un carro pick up, Ford Lobo. Se bajó un tipo que preguntó:
“¿Ya trajeron el ganado?”
“No” le respondieron
los agentes de la PEI.
“Entonces
preséntamelos” ordenó a los agentes.
Los agentes de a PEI,
de inmediato obedecieron y se llevaron detenidos a Ramón Ángel y Juan Salazar.
Este señor no quiso
dar entrevistas y cuando se le preguntó su nombre dijo uno que no se le
entendió, pero su apellido fue más claro: “Loustounou”.
Al decir de la
abogada de los Salazar, este señor Loustounou es el abogado de los señores que
demandaron a los Salazar. Son dos familias que le quieren hacer el caldo gordo
a los posesionarios del Almanaque, como medidas de presión para que se salga de
estos terrenos.
Es parte del problema
que tienen otros posesionarios del vaso de la presa, que están demandados de
desalojo por parte del Gobierno del Estado.
Explicó que el motivo
del problema es la denuncia por abigeato. No es la primera vez que Manuel
Figueroa demanda a los Salazar por este problema. Entre este señor Figueroa y
los de la familia Véjar –no dijo nombres- han demandado a los Salazar hasta por
seis ocasiones.
Pero más que nada,
dijo, el problema son los terrenos, porque se quieren quedar con ellos la
inmobiliaria Misión 21 para construir un proyecto residencial.
Los de la
inmobiliaria argumentan que los posesionarios no son propietarios del terreno,
pero los afectados, entre ellos los Salazar, se amparan en un decreto
expropiatorio de 1991, cuando el gobierno federal tomó esos terrenos para la
construcción de la línea del ferrocarril.
Por la noche, la
asesora de los Salazar informó que fueron liberados después de que Ramón Ángel
mostró un escrito donde comprobó que él fue avisarles a los dueños del ganado,
que se habían metido al rancho El Almanaque.

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